La Vida de Marilyn Monroe - Capítulo 6
Por otra parte, su arraigado complejo de nulidad
intelectual, seguramente causado por haber abandonado pronto los estudios, la
llevó a nuevas actividades. En 1955, por ejemplo, acudió al prestigioso Actors
Studio neoyorquino para tomar clases con Lee Strasberg. Inducida por Strasberg,
estudió el psicoanálisis con la finalidad de conocerse más a sí misma y hacer
aflorar su potencial interpretativo. Strasberg, un hombre generoso, la trató
como un padre y le ofreció intervenir en sesiones teatrales del centro,
protagonizando obras como Un tranvía llamado deseo, de Tenessee Williams, y
Anna Christie, de Eugene O´Neill. Estos detalles fueron objeto de burlas por
parte de ciertos ambientes de Hollywood que se obstinaban en verla como una
actriz cuyo único atributo valioso era el de despertar una irrefrenable
atracción en los hombres.
Las dos películas en las que intervino a continuación,
aunque excelentes, presentaban al personaje que debía interpretar como alguien
con más de un paralelismo con esa otra Marilyn de la vida real. Tanto en La
tentación vive arriba (The seven year itch, 1955), de Billy Wilder, como en Bus
Stop (1956), de Joshua Logan, Marilyn llevó a cabo dos interpretaciones
estupendas. Pero el gran público, en lugar de cambiar la idea que tenía de la
actriz fijándose en su capacidad interpretativa, todavía la encasillaba más,
debido a que eran papeles similares a la imagen que desde los estudios se había
dado de ella.
La presión habitual a la que se sometía a una gran estrella,
el menosprecio que sentía que le profesaban algunos profesionales de la
industria y el descontento consigo misma no tardaron en hacer mella en Marilyn.
Su comportamiento en los rodajes era cada día más problemático, con frecuentes
impuntualidades, excusas para intempestivas ausencias y malas relaciones con
actores y técnicos. Por esta época comenzó a tomarse períodos de descanso en
clínicas debido a las depresiones en que cada vez con mayor frecuencia se veía
sumida.
Con todo, seguía estando en el ojo del huracán, siendo el objeto
preferido de la prensa; pero también ello resultaba frustrante. Aceptaba
conceder una entrevista a la espera de que algún periodista se interesara por
sus inquietudes intelectuales, por lo que leía o por el tipo de películas que
le gustaría interpretar, pero lo único que encontraba sistemáticamente eran
burdas cuestiones de tocador. Algunas de sus respuestas de entonces se
convirtieron en célebres, como cuando aseguró que no usaba ropa interior o que
para dormir sólo se ponía Chanel n. 5. Así es que, inconscientemente o no, la
propia Marilyn terminaba contribuyendo a consolidar la percepción que de ella
tenía la gente.
CONTINUARÁ...
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